¿Qué utilizamos?

QUÉ UTILIZAMOS

EN TERAPIA NEURAL

PARA LOS TRATAMIENTOS

Todo esto que les parecerá increíble, lo conseguimos gracias a la procaína en diluciones muy bajas.

Hace 90 años,  médicos alemanes le pusieron el nombre de “el medicamento imperial” procaína y, desde hace más de 60 años, fue aceptado y concertado por la seguridad social en Alemania.

El nombre de medicamento imperial se debe a que es lo único, en exclusividad, que utilizamos cuando hacemos terapia neural.  Aún no se ha descubierto otro medicamento capaz de eliminar los campos interferentes (unir los cables cortados), y otorgarle al organismo el empuje o energía indispensable que le permita reactivar el potencial eléctrico perdido y, de esta manera,  que pueda volver a realizar todas las actividades necesarias para recuperar la homeostasis alterada, y que retorne la salud.

La procaína fue descubierta hace casi 110 años como un “anestésico local”.  Este anestésico resultó ser débil y muy lábil, por este motivo no sirve para anestesiar (por eso no se utiliza en medicina con tales propósitos), pero los científicos alemanes descubrieron que le daba al neurovegetativo (a nuestra red nerviosa), la «chispa energética segura y necesaria» para que realice la función que le fue encomendada, —mantener nuestro cuerpo sano.

Pondré una comparación utilizando el ejemplo anterior de las vacunas: cuando una persona recibe una vacuna, le introducen un/unos virus, esto hace reaccionar al cuerpo inmediatamente fabricando anticuerpos, es decir, defensas para combatir a ese virus que es un agente infeccioso que acaba de entrar en su cuerpo.  De forma parecida, cuando el paciente recibe la acción de la procaína diluida en el sitio exacto, en el lugar que se produjo la desconexión nerviosa, (el cable cortado) entonces, y sólo entonces, el cuerpo pone en marcha todas las facultades que tiene para auto-curarse (de nada servirá aplicar el “medicamento imperial” procaína en un lugar inexacto).

Debido a que la procaína tiene un potencial eléctrico superior al de nuestras células, corrige el potencial eléctrico dañado, elimina el campo interferente (une los cables cortados) y el propio organismo busca su alivio y su curación para la mayor parte de dolores y enfermedades.

La terapia neural, utilizando la procaína, no hace daño, porque es el propio cuerpo el que hace todo el trabajo y él no está hecho para hacerse daño a sí mismo.  Esto le convierte en una auténtica medicina biológica.

Ojo, es increíble que existan médicos y no médicos que están utilizando estos tratamientos sin haber realizado la especialidad correspondiente, lógicamente no consiguen los elevados porcentajes de buenos resultados que alcanzamos quienes hemos realizado la especialidad en terapia neural y, más bien, podrían cometer muchos errores que perjudicarían la salud de los pacientes.

Otro ejemplo que puede aclarar la acción de la procaína, es lo que les exponía en los párrafos anteriores sobre lo que es la homeostasis: cuando  nos cortamos, herimos, quemamos o perdemos parte de piel y de músculo, vasos sanguíneos e inclusive muchas ramificaciones nerviosas; el médico, la enfermera o nosotros mismos lo único que hacemos es cuidar de estas lesiones para que no se infecten, pero, ¿quién cierra la herida?, ¿quién hace crecer la carne o la piel de esa lesión?, ¿quién elabora o fabrica y canaliza la nueva red de vasos sanguíneos y la nueva red nerviosa? «Únicamente lo puede hacer el cuerpo», porque es quien está capacitado (gracias a las células madres o pluripotenciales de su tejido conectivo), para fabricar células, sangre, hormonas y todo lo que lo que sea necesario para autocurarse.

En el caso de las fracturas, sean éstas grandes o pequeñas, nos pueden escayolar o poner tornillos, pero son los mecanismos propios que poseemos en nuestro organismo los que “sueldan” el hueso, lo que los médicos llamamos “callo óseo”, que es el crecimiento de las células óseas alrededor de la fractura quién consolida (suelda) la fractura.  Es decir, sólo el propio cuerpo tiene la capacidad de producir células de cualquier clase, de cualquier órgano y de cualquier parte del cuerpo para corregir las lesiones,  los dolores y las enfermedades.

Cuando les comento que es muy importante la historia clínica biológica de cada paciente con el afán de conocer los posibles “cables cortados” o campos interferentes, es debido a que todos esos «acontecimientos» pudieron dejar cicatrices visibles o invisibles, pero que de alguna forma esas cicatrices dejaron fibrosis o adherencias microscópicas o macroscópicas y, estas, son las encargadas de impedir que tanto las células como el sistema nervioso retornen a su estado normal y, por lo tanto, crean o “fabrican” los campos interferentes.

Un ejemplo de esto se puede comprobar cuando los médicos y los médicos cirujanos les decimos a los pacientes que las cirugías han salido muy bien, pero que la fibrosis o las adherencias son las culpables de que la/el paciente no mejore; o cuando los pacientes luego de las cirugías quedan bien pero al poco o mediano plazo vuelven con los dolores y muchas veces peor que antes.  Esto, con mucha frecuencia, se debe a la fibrosis o adherencias superficiales o profundas que les dejó esas cirugías o cualquier otro acontecimiento que pudieron haber sufrido en el transcurso de la vida.

Debemos tener en cuenta que en cada lesión o en el caso de las cirugías cortamos millones de células con sus respectivos nervios y vasos sanguíneos, luego estas heridas deben ser suturadas o cosidas o, simplemente, dejar que se cierren solas; pero, sea cual fuese la lesión, el cuerpo en su afán de cerrar la herida provocará una fibrosis o adherencias que, en muchas ocasiones, contribuirían o serían las causantes de mantener los dolores o las enfermedades. También es muy corriente que, los médicos terapeutas neurales, veamos y comprobemos que estas fibrosis han desencadenado otro u otros tipos de dolores o enfermedades en lugares distintos o lejanos a la herida fibrosada, debido a que estas fibrosis crean campos interferentes (dejan los cables cortados) y las conexiones nerviosas están interrumpidas, no hay suficiente riego sanguíneo en estas zonas, el potencial eléctrico de las células se queda alterado y el cuerpo se quejará con dolores y/o enfermedades para avisarnos que está desconectado.  Pero por acción refleja, en el 70% de las veces, estos campos interferentes son los causantes de dolores y enfermedades en otros lugares del cuerpo y, son estos otros motivos más, para que a quienes desconocen la terapia neural, se les vuelven enfermos incurables.

La  terapia neural, perfectamente realizada por un médico especialista en esta medicina y por la acción y la utilización adecuada de la procaína, es capaz de conseguir que el cuerpo regenere adecuadamente estas células.  Y todo esto gracias a que las fibrosis y las adherencias podrían disminuir o ser eliminadas, con lo cual, vuelve el potencial eléctrico de las células a su normalidad, el sistema nervioso que estaba desconectado ya es capaz de reconectarse y/o regenerarse y, de este modo, los dolores y enfermedades disminuyen o desaparecen.

Mientras no se tomen en cuenta estos y muchos otros aspectos de las vidas de nuestros pacientes, difícilmente se podrán alcanzar curaciones que se tornan, ¡incurables!, para quienes desconocen esta parte de la medicina, o para quienes conocen todas estas situaciones, pero que no saben como solucionarlo.

Hace unos tres años acudió a mi consultorio una paciente alemana que fue sometida a una cirugía, perfectamente realizada, de su tobillo derecho.  Luego de la cirugía la paciente mejoró relativamente, para luego recaer en un dolor constante que le impedía caminar, no podía conducir su coche ni su bicicleta, y tampoco le dejaba, nadar, dormir ni descansar adecuadamente.  Su cirujano traumatólogo solicitó a la compañía de seguros de la paciente que buscasen algún médico que sepa tratar el sistema nervioso vegetativo.  La empresa de seguros contactó con el Ilustre Colegio de Médicos de Málaga y les aconsejaron que enviaran a la paciente a mi consultorio.  Si la cirugía fue bien realizada, ¿por qué no se curó?  En este caso, la fibrosis que le dejo la cirugía, impedían el alivio adecuado.   A la paciente le realicé tratamientos con las técnicas de la terapia neural y en poco tiempo la paciente recuperó su salud, ya no tiene dolor y realiza una vida normal.

Esto es lo que conseguimos con las más de 200 técnicas medico-científicas de la terapia neural, y gracias a la acción de la procaína que pone en marcha todos los mecanismos que el cuerpo posee para aliviarse y curarse.

 

 

 

 

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